viernes, 23 de octubre de 2015

DESRROLLO VS. CAMBIO CLIMÁTICO

DESARROLLO VS. CAMBIO CLIMÁTICO  (ENGLISH VERSION BELOW: DEVELOPMENT VS. CLIMATE CHANGE)
La controversia entre desarrollo y la protección del ambiente generalmente se concentra separadamente en cada uno de estos objetivos como si ellos estuvieran desconectados, lo que torna muy difícil analizar su interrelación. La radicalización de las posiciones lleva a una pulseada donde el objetivo principal es vencer al oponente en vez de encontrar relaciones mutuamente beneficiosas.



Los gases invernadero están fuertemente relacionados con el cambio climático. Las discusiones habituales proponen o reducir las emisiones – por ejemplo, las energías no renovables – o la captura de los gases producidos, ya sea por absorción de carbono por parte de los bosques o los océanos, o los métodos de captura y almacenamiento bajo tierra de los gases producidos.
Dejando de lado los enormes problemas técnicos y ambientales del almacenamiento subterráneo, así como la inaceptable acidificación de los océanos por el CO2 absorbido o su absorción limitada por los bosques, la única alternativa restante parece ser la reducción del uso de las energías no renovables.
Pero las energías renovables tampoco son ambientalmente gratuitas. Las plantas hidroeléctricas necesitan del anegamiento de tierras frecuentemente productivas, la reubicación de comunidades en ellas asentadas, serios daños a la biodiversidad, amenazas a áreas geológicamente sensibles, etc.
Las generadoras eólicas necesitan significativas inversiones, son frecuentemente acusadas de que matan un gran número de aves y son criticadas por no pocos porque afectan al paisaje.
Generar energía solar requiere también grandes inversiones en la instalación de enorme cantidad de paneles además del costo de almacenarla en sofisticadas baterías – en el caso de las fotovoltaicas – y las ineficiencias de transformación en el caso de las fototérmicas.
En ambos casos el costo del transporte y transformación de la energía generada no es para nada despreciable. Así, pues, en la controversia entre energía y clima podemos decir que nada viene, precisamente, “de arriba”: alguna cosa hay que sacrificar.
El mundo moderno es acusado de sobreconsumo con sus amenazas relacionadas a los recursos limitados. Su optimización involucra profundas consideraciones macroeconómicas y políticas. Así, las negociaciones a cargo de los innumerables organismos internacionales generalmente terminan en la lamentable realidad de expresiones de deseos o acuerdos que nadie parece tener la intención de cumplir.
Y aún al nivel personal, todos clamamos por la restricción del consumo para salvar el planeta. Pero cuán sinceros son estos reclamos está por verse; todos queremos el nuevo auto, el último celular, transporte aéreo cuando es posible, calefacción y aire acondicionado ilimitado, etc.
En el forcejeo por nuestra porción de los recursos limitados están, por una parte, los países desarrollados que no quieren ceder sus ventajas de la modernidad; y por la otra las naciones en desarrollo que tratan de no reducir sus magras participaciones - y, de ser posible, que otros levanten la factura. La verdad es que todos somos reacios a ceder nuestra “baldosa”, ignorando que la solución de la discrepancia, en este caso como en cualquier otro, necesita del esfuerzo combinado de ambas partes.
Un reciente artículo en SicDev.Net (*) lo destaca muy claramente: “No existe una integración del cambio clim´tico global, el desarrollo y las políticas de desastres. Pero la ciencia indica que estos problemas y la forma de afrontarlos están interrelacionados. El dar a las políticas sobre el cambio clñimático un contexto más amplio podría conducir a acciones más efectivas”. El artículo citado, sin embargo, trata a los problemas del cambio climático y el desarrollo mayormente desde un punto político a partir de los aspectos relacionados con el manejo de los desastres derivados del cambio climático, pero soslaya en gran medida los aspectos macroeconómicos de la discusión. Este es un problema muy complicado que mejor trataremos en otra occasion.   
Ing.Jorge Casale, Editor


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DEVELOPMENT VS. CLIMATE CHANGE
The controversy between development and protection of the environment usually concentrates on either one of these two goals as if they were disconnected from each other, which makes it difficult to analyze their interrelationship.  Radicalizing positions leads to an arm wrestling attitude where the main purpose is to beat the opponent not to find mutually beneficial relationships.
Greenhouse gas emissions are strongly related to climate change. The usual discussions propose either to reduce emission – for example non renewable energy generation and consumption – or to capture the produced gases by carbon absorbing forests and oceans or the underground storage methods. 
Leaving aside the enormous technical or environmental problems and consequences of underground storage, the ocean acidification by absorption of CO2 and the limited capacity of absorption by forests, the only alternative left seem to be reducing the use of non-renewable energies.
But renewable energy does not come environmentally free either. Hydroelectric plants need flooding large areas of usually productive land, forced relocation of communities, serious damage to biodiversity, threats to geologic sensitive areas, etc.
Wind farms need significant investment and are frequently charged with the deaths of large numbers of birds, as well as criticism for affecting the landscape.
Solar energy requires big investments in facilities - generation and storage in the case of photovoltaic - plus unavoidable energy transformation inefficiencies in the case of photothermal plants.
In both cases the cost of transporting and adapting the generated energy is not negligible. In the subject of the controversy between energy and climate we can say that “there is not a free lunch”: something has to give.
The modern world is accused of overconsumption with its related threat to limited resources whose optimization involves deep macroeconomic and political considerations. Negotiations in charge of the innumerable international agencies usually end up in the pitiful reality of wishful thinking or agreements that nobody seem willing to respect.
Even at the personal level, we all pledge for restricting consumption to save the planet. How sincere are these pledges is still to be seen; we all want to have a new car, the last cellphone, air travelling, etc.
In the wrestling for our shares in the limited resources there are, on the one side, the developed countries trying to coopt for the most of modern advantages and, on the other side the developing nations that strive not to reduce their share - and, if possible, that somebody else pays for it. The truth is that we are all reluctant to give up our foothold and seem to forget that solving the discrepancy will need a combined effort on both sides.
A recent article in SicDev.Net (*) very well points out: “There’s no integration of global climate change, development and disaster policy. But science says the problems, and ways to tackle them, are often interrelated. Giving climate change policy a wider context could spur more action”. The article deals though, mainly on the disaster aspects of the divorce between development and environmental protection; it does not delve too much into the macroeconomical aspects of the discussion. It’s a complicated matter we’d better deal with in some other occasion.
Jorge Casale, Editor


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