lunes, 20 de febrero de 2017

PRODUCCIÓN, ECOLOGÍA Y GUERRA

GUERRA Y SUPERPRODUCCIÓN EN EL MUNDO, por el Ing. Jorge Casale, Editor de www.allorganics21.blogspot.com (English version below: WAR AND THE WORLD’S OVERPRODUCTION)

Periódicamente el mundo consume los surplus de producción con una guerra. Hay alguna otra manera de limitar esos sobrantes que no sea con una guerra?


Aunque dañe nuestra sensibilidad, la guerra tiene sus funciones positivas y, si queremos buscar una forma de evitarla, es mejor que las miremos de frente y veamos cómo podemos obtener esas funciones sin acudir a la guerra.

La primera y más obvia función de la guerra es la función militar propiamente dicha para la defensa del territorio y del ser nacional y no necesita aclaraciones. Debemos defendernos de amenazas militares externas y por ende no podemos deshacernos de los ejércitos a menos que encontremos otra forma de disuadir esas amenazas. O nos ponemos de acuerdo para evitar conflictos, una proposición muy altruista pero que la realidad se ha encargado de cuestionar desde que el mundo es mundo y que la humanidad es la humanidad, o mantenemos nuestros ejércitos activos.

Otra función de la guerra tiene que ver con los aspectos socio-económicos de la industria bélica y los armamentos. La historia demuestra que las guerras, al requerir la producción inmediata de armamentos y otros equipos en grandes cantidades, han producido aumentos del PBI y del nivel de empleo de los países en conflicto.

Otro aspecto de esta función socio-económica de la guerra es la de destruir masivamente los surplus económicos en el mundo productivo. Porque la realidad es que producimos cada vez más y cada vez más barato. Si no destruimos lo que producimos, a quién se lo vendemos? Porque la realidad es que el tan criticado consumismo tiene un límite. Aunque echáramos mano a la utopía de tratar de eliminar la pobreza del mundo y regalar lo que se produce de más va a llegar un momento en que no podremos deshacernos de lo que producimos ni aun regalándolo. Nadie puede comer dos almuerzos al mismo tiempo o dormir en más de una cama al mismo tiempo.

Entonces o disminuimos la velocidad de lo que producimos o nos inventamos otros enemigos para iniciar una guerra que se encargue de la destrucción de los sobrantes. Si lo que queremos es intentar eliminar las guerras no nos queda otro recurso que ralentizar las producciones.

Pero hay un problema: hasta ahora no hemos sido capaces de desarrollar un sistema económico productivo más eficiente que el capitalismo por más que esto hiera a algunas sensibilidades. El funcionamiento del capitalismo depende de las tensiones y los equilibrios de los mercados, por más que los critiquemos. No todos somos  la Madre Teresa y aún las primeras comunidades cristianas con todo su idealismo religioso fracasaron rápidamente en el mantenimiento de sus principios altruistas. Lo producido tiene un valor y un costo y es inútil pretender que quien lo produce quiera regalarlo ya que a todos nos parece justo que cada cual obtenga un beneficio de su trabajo. La suma de todos esos beneficios es el PBI del país, y es lógico tratar de que crezca lo más rápido posible.

Entonces nos enfrentamos a la paradoja de que la misma eficiencia del sistema productivo conduce a la necesidad de consumir lo que sobra o de producir menos. Cuanto más producimos más barato resulta y, por ende, más crece la oferta. Y la balanza exige que crezca la demanda para consumir el exceso de oferta. A menos que consumamos la oferta por medio de un factor externo independiente del mercado – la guerra – o que el costo de producción suba, lo que haría bajar la demanda.

La realidad es que el costo de producción es hoy muy bajo. Y esto es así, en buena medida porque en los balances de las empresas no se incluyen los costos de factores externos que creemos gratuitos e inacabables pero que no lo son. Me refiero a cosas como el aire, el agua, el mantenimiento del ambiente, el calentamiento global con sus efectos, los daños provocados por la explotación de recursos naturales, minería, fracking, polución de cursos de agua y océanos por exceso de fertilizantes, smog, enfermedades derivadas de fumigaciones agrícolas, de la polución industrial y de la combustión, perjuicios a la biodiversidad, y tantas otras cosas que el actual Presidente de los EEUU o niega o por lo menos las considera de valor menos importante  frente a la necesidad de “hacer de nuevo a América fuerte” por medio de un decidido impulso a la industria, la productividad y el balance positivo de la relación entre oferta y demanda. Cómo piensa el Sr. Trump evitar dentro del período de su gobierno el surplus de producción o consumirlo sin necesidad de otra guerra? Y cómo piensa hacer para que al fin de ese período el costo de recomponer los medios no renovables que hoy consideramos gratuitos e inacabables no se haga catastrófico aún cuando “América sea otra vez fuerte” – cosa que todos deseamos íntimamente para beneficio del mundo – o que sea tan alto que resulte insostenible tanto para “América” como para el resto del planeta? No sería más sensato cuidar desde ya el ambiente produciendo mejor aunque resulte más caro y así controlar los surplus de producción sin la necesidad de otra guerra?

El autor reconoce que muchos de los conceptos aquí vertidos rompen brutalmente con slogans enraizados profundamente como verdades incontrovertibles en  muchos corazones. Pero cree también que aún a riesgo de herir sensibilidades es hora de mirar de frente a la realidad.

Buenos Aires, 17 de Febrero de 2017.
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WAR AND THE WORLD’S OVERPRODUCTION. BY Jorge Casale, Editor OF www.allorganics21.blogspot.com

Periodically the world consumes its surplus production by means of a war.  Is there any other way of limitting those surplusses without resorting to war?

At risk of hurting our sensibility we must recognize that war has its positive functions. If we want to look for ways to avoid war we should look them in the eye trying to find ways of having the benefit of those functions without resorting to war.

The first and most obvious function of war is the military function itself, needed for the defense of the territory and of the national sense, and it does not need further explanations. We must defend ourselves from external military threats and therefore we cannot do away with armies, unless we find other way to understand each other discouraging those threats. We must agree on how to avoid conflict – a very altruist proposition but one that reality dispelled from the very beginning of the world and humanity.  

Other function of war relates to the socio-economic aspects of the war industry. It is well known that wars, requiring the immediate production of weapons and other equipment in large quantities, leads to an increase in the GNP (Gross National Product) and employment in the countries in conflict.

Other aspect of this socio-economic function of war is the massive destruction  of the production surpluses. It is true that we produce more and cheaper and if we do not destroy what we produce, to whom are we going to sell them? The truth is that even the very critisized consumism has its limits, and even if we resort to the utopia of erasing world poverty we will still not be able to do away with all what we produce. We cannot eat two lunches at the same time or sleep in two beds at the same time.
Thus, either we reduce the rate at which we produce or we invent other enemies in order to begin a war to destroy surpluses. But if what we want is to erase war from the face of the Earth we have no other recourse than curbing productions in some way.

But here we bump into a problem: no matter how hard this may hurt our sensitivity up to now we have not been able to conceive an economic system more efficient than capitalism.  We like it or not,  the functioning of capitalism depends on markets’ tensions and equilibrium. After all, we are not Mother Theresa, and even the first Christian communities with all their idealism failed quite soon in keepeing their altruistic principles. Produced goods have their intrinsic value and cost, and we consider fair that each one obtain a benefit  from his work. The sum total of those benefits constitues the country’s GNP, and it is reasonable that it should be grown as fast as possible.

Therefore, we face the paradox that it is the very efficiency of the productive system the thing that leads to the need that either we consume what’s overproduced, or we should produce less. The more we produce the cheaper it becomes and, therefore, supply grows. The balance then requires consumption of the oversupply.  Unless we do away the oversupply by means of an external factor independent of the market – war – or we increase production costs that will raise prices and curb demand.  

The truth is that production costs today are very low. And this is, to a large extent, due to the fact that corporations do not enter in their balance sheets the cost of external factors that are still considered free and inexhaustible. Things such as water, air, environment, global warming with its effects, damages to nature incurred by the excessive exploit of natural resources, mining, fracking, pollution of streams and oceans for excessive use of fertilizers, smog, health problems from agricultural sprays, industrial pollution, combustion, damage of biodiversity, and so many other things that the present President of the USA either denies or undervalue facing the need of “Making  America Great Again” through a strong impulse to industry, productivity and a positive balance of supply and demand. How does Mr. Trump plan to avoid production surpluses during his term of government or to consume them without the need of another war? And at the end of his term how does he plan to make the recomposing of the non renewable resources presently considered free and inexhaustible, without catastrophic costs even with an “America Great” – something we all wish – or that the cost would be so high and unsustainable both for “America” and the rest of the planet? Wouldn’t it be more sensible to care for the environment producing in a better way even if it results more expensive that at the same time may serve to limit surpluses without resorting to war?  

The autor recognizes  that many of the concepts here exposed brutally break with slogans deeply engrained as undisputed truths in many hearts. But he also believes that even at the risk of hurting sensibilities it is high time to look reality in its face.

Buenos Aires, 17 de Febrero de 2017.
www.allorganics21.blogspot.com

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